The story of St. Cecilia, like that of many of the saints venerated in the fourth and fifth centuries, is by itself a romance, a story. According to church history, Cecilia was a maiden of noble birth. At an early age, she dedicated her life to God with a vow of chastity. She, however, was betrothed and married to a young noble named Valerian. On her wedding day, she prayed to the Lord and asked Him to protect her virginity. History records, "The day on which the wedding was to be held arrived and while musical instruments were playing she was singing in her heart to God alone saying: Make my heart and my body pure that I may not be confounded" (McKinnon 46). Many historians believe that this text lead to the eventual naming of Cecilia as the patroness of music. In the original Latin, the term for musical instruments is "cantantibus organis," and in later texts it was translated that she was playing an organ instead of listening to music as she prayed (McKinnon 46). St. Cecilia's prayers were answered, and Valerian was willing to take her as his wife without forcing her to break her vow. Not only did he accept her vow of chastity, he and his brother Tiburtius were both converted to Christianity and were baptized by Pope Urban I (Catholic On-line Encyclopedia). At this time, Christianity was still illegal in Rome. Both Valerian and his brother Tiburtius were soon discovered as professed Christians and were martyred. Cecilia was discovered soon after and met a similar fate. It required two attempts, however, before the death of Cecilia was successful. She was first locked in a bath in her own home to be suffocated by the steam. When she emerged from the bath unharmed, she was then beheaded. The stroke of the axe failed to sever her head from her body, however, and she lived for three days. During this time, she saw to the disbursment of her assets to help the poor, and she donated her home to the ecclesiastical authorities to be used as a church. In the fifth century, this church was considered to be the one at Trastevere which bears her name. Cecilia is believed to be buried at the Catacomb of Callistus.
St. Cecilia, glorious Virgin and Martyr of Jesus
Christ, I admire the courage with which you professed your faith in the face of
severe persecution, and the generous love with which you offered your life in
witness to your belief in the Blessed Trinity. I thank God with you for the
wonderful graces He had bestowed upon you to make your life holy and pleasing to
Him even in the midst of the wealth that was yours. I thank Him for the
privilege offered to you of receiving the glorious crown of martyrdom.
Saint Cecilia, I also admire the purity of love that bound you to the Savior,
which was greater in your eyes than any human affection, so that you declared
yourself before the enemies of the Church, "I am the bride of my Lord Jesus
Christ". Pray for me that in imitation of you I may keep my body pure and my
soul holy, and that I may love Jesus with all my heart.
In these times so full of pleasure seeking and so lacking in faith, teach us to
profess our faith courageously and to be willing to sacrifice ourselves in
practicing it, so that our good example may lead others closer to Christ and the
Church He as founded.
In thanksgiving to God for the graces he bestowed on St Cecilia: Our Father.
Hail Mary. Glory be. St. Cecilia, Virgin and Martyr of Jesus Christ, pray for
us.
St. Cecilia, I confide in your intercession
because you generously offered your life as a sacrifice for the love of Jesus,
to whom you were devoted with your whole heart and soul. Jesus will not refuse
your prayers. Beg Jesus to grant me this favor: (Mention your request.)
For the sake of Jesus Christ, Who filled your heart with pure and heroic love,
Who crowned you with the glorious crown of martyrdom, Who permitted your body to
remain incorrupt through these many centuries, and Who willed that your memory
be praised by the Church at every Holy Day Mass, I earnestly ask you to
intercede for me. I resign myself entirely to the Holy Will of God. Help me to
imitate your faith and love of God, that I may be ready to make any sacrifice
for my Catholic faith. Through your prayers may I someday reach heaven and
praise with you the Sacred Heart of Jesus, the loving Spouse of your soul and
mine. Amen.

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el, cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignida d, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano. El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí." Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides." Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel." Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones." Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?" Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: " ¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?" Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.
¡Oh Cecilia, digna de toda alabanza! Supiste conservar tu
cuerpo sin mancha, y librar tu corazón de todo amor sensual. Te presentaste a tu
Creador como esposa inmaculada, cuya felicidad fue
ennoblecida por el martirio. El te admitió a los honores de esposa como a Virgen
sin mancilla. ¡Oh Virgen Sagrada! El Señor, en los consejos de su sabiduría,
quiso coronar tu frente de perfumadas y suaves rosas. Tú fuiste el lazo de unión
de los dos hermanos, para reunirlos en una misma felicidad, y tu oración les
ayudó. Ellos, abandonando el culto impuro del error, se mostraron dignos de
recibir la misericordia de aquel que nació de la Virgen, y quiso esparcirse
entre nosotros como divino perfume. Despreciaste las riquezas de la tierra,
deseando ardientemente poseer el tesoro del cielo; desdeñando los amores de acá
abajo escogiste tu asiento entre los coros de las Vírgenes, y tu sabiduría te
condujo al celestial Esposo. ¡Oh honra de los atletas de Cristo! Combatiste con
valor, y rechazaste por tu varonil denuedo los asaltos del perverso enemigo.
¡Oh gloriosa Cecilia, augusta mártir!
Tu eres templo castísimo de Cristo, morada celestial, casa
purísima. Dignate difundir el esplendor de tu intercesión sobre nosotros, que
celebramos tus alabanzas. Enamorada de la hermosura de Jesucristo fortificada
con su amor, suspirando por sus delicias, pareciste muerta al mundo y a cuanto
en el mundo hay, y fuiste hallada digna de la eterna vida.
En acción de gracias a Dios por las gracias dadas a Santa Cecilia: Padre
Nuestro. Dios te Salve. Gloria. Santa Cecilia, Virgen y Mártir de Jesucristo,
ora por nosotros.
Gloriosa Virgen y
mártir Santa Cecilia, modelo de esposa fidelísima de Jesús, vedme aquí postrado
humildemente ante vuestras plantas. Soy un pobre pecador que vengo a implorar
vuestra poderosa intercesión ante Jesús a quién tanto amasteis, suplicándote que
me consigas un verdadero arrepentimiento de mis pecados,
un propósito eficaz de enmienda y una heroica fortaleza para confesar y defender
la fe que he profesado.
Alcánzame la gracia de vivir y morir en esta santa fe, como también las gracias
especiales que necesito para vivir santamente en mi estado. Escucha y alcánzame
mis súplicas (haga su petición silenciosamente), oh virgen poderosísima, para
que merezca gozar un día de la eterna bienaventuranza. Así sea.

Segundo uma antiga tradição, a Santa pertencia a uma das principais famílias de Roma, que acostumava vestir uma túnica de um tecido muito áspero e que tinha consagrado a Deus sua virgindade. Seus pais a comprometeram em matrimônio com um jovem chamado Valeriano, mas Cecília disse a este que ela tinha feito voto de virgindade e que se ele queria ver o anjo de Deus devia fazer-se cristão. Valeriano foi ensinado pelo Papa Urbano e foi batizado. As histórias antigas dizem que Cecília via seu anjo da guarda.
O prefeito de Roma, Almaquio, tinha proibido sepultar os cadáveres dos cristãos. Mas Valeriano e Tiburcio se dedicaram a sepultar todos os cadáveres de cristãos que encontravam. Por isso foram presos. Levados ante o prefeito, este lhes pediu que declarassem que adoravam Júpiter. Eles defenderam sua fé e morreram mártires. Em seguida a polícia prendeu Cecília e lhe exigiu que renunciasse à religião de Cristo. Ela declarou que preferia a morte que renegar a verdadeira religião. Então foi levada junto a um forno quente para sufocar com os terríveis gases que saíam dali, mas em vez de asfixiar-se ela cantava gozosa (possivelmente por isso a nomearam padroeira dos músicos). Visto que com este martírio não podiam acabar com ela, o cruel Almaquio mandou que lhe cortasse a cabeça. Em 1599 permitiram ao escultor Maderna ver o corpo incorrupto da Santa e ele fabricou uma estátua em mármore dela, que se conserva na igreja da Santa Cecília em Roma.
Santa Cecília, gloriosa Virgem e Mártir de Jesus Cristo, eu admiro a coragem com a qual você professou sua fé em face da perseguição severa, e o amor generoso com a qual oferecestes vossa vida como testemunha da vossa fé na Santíssima Trindade. Eu agradeço a Deus convosco pela graça maravilhosa que Ele derramou sobre voce a fim de fazer a vossa vida santa e agradável a Ele, mesmo no meio de riquesa que era a vossa. Eu agradeço a Deus pelo privilégio oferecido a vós de receber a coroa gloriosa do martírio.
Santa Cecília, eu também admiro a pureza de amor que te uniu ao Salvador, que foi tão grande aos teus olhos que outra afeição humana, que declarastes a ti mesma diante dos enimigos da Igreja, ?Eu sou a esposa de meu Senhor Jesus Cristo?. Orai por mim a fim de que imitando-te eu possa manter o meu corpo puro e minha alma santa, e que eu ame a Jesus com todo o meu coração.
Nestes momentos tão cheios de prazer buscando e com fé tão pequena, ensina-nos a professar nossa fé corajosamente, e desejar sacrificar-me na prática dela, para que o meu bom exemplo, possa levar outros a viver mais próximo de Cristo e da Igreja que Ele fundou.
Em Acção de Graças a Deus pelas graças que ele infundio em Santa Cecília: Pai Nosso, Ave Maria, e Glória ao Pai... Santa Cecília, Virgem e Mártir de Jesus Cristo, rogai por nós.
Santa Cecília, Eu confio na vossa intercessão porque você gererosamente ofereceu vossa vida como sacrifício de amor a Jesus, a quem você se dedicou com toda alma e coração. Jesus não rejeitará a vossa oração. Peço-te Jesus que me concedas este favor (Mencione vosso pedido)
Por Jesus Cristo, que encheu o vosso coração de amor heróico e puro, que te coroou com uma coroa gloriosa do martírio, que ermitiu o teu corpo permanecer incorruptível durante todos estes séculos, que permitiu que vossa mémória fosse venerada por toda a Igreja e em cada missa, eu ferverosamente peço-te que intercedas por mim. Eu entrego-me por inteiro à Santíssima vontade de Deus. Ajudai-me a imitar vosso fé e a amar a Deus, e que eu possa protificar-me a fazer sacrifícios pela minha fé Católica. Através das vossas orações e intercessões, eu possa um dia alcançar o céu e louvar convosco o Sagrado Coração de Jesus, o amado esposo da minha e da vossa alma. Amem.
![]()